Este es un primer artículo de una serie que preparo sobre sucesos en Azuara ocurridos durante un periodo que va de 1845 a 1940. Me perdonaréis que me extienda en la introducción, pero considero importante que sepamos el contexto histórico en el que se desarrolla la vida de los azuarinos, en esa parte del siglo XIX y principios del XX. Una época en la que los azuarinos y azuarinas estuvieron marcados en sus vidas por el paso de varias guerras civiles, mortandad por enfermedades, hambre y gran carencia de derechos y libertades.
Del año 1833 al 1843 se le llama periodo de regencias en España, es un período de transición hacia una sociedad de carácter liberal capitalista.
Los Progresistas defienden la soberanía nacional y limitar los poderes de la corona. Forman parte de ellos los sectores más dinámicos de la burguesía nacional y la masa popular anticarlista y anticlerical.
Los Moderados son los representantes de la oligarquía del liberalismo. Lo componen las viejas fuerzas del antiguo régimen que se disponen a entrar en la nueva sociedad. Su ideología se basa en el liberalismo. Son partidarios del proteccionismo económico y procuran la unión iglesia - estado. La integran terratenientes y funcionarios de prestigio.
Estaba vigente la Constitución de 1837 y las elecciones generales dieron la victoria a los llamados moderados, debido al conservadurismo del campo español que suponía el 80% de la población.
Cuando los moderados llegan al gobierno elaboran una ley por la que se otorga al gobierno el nombramiento de los alcaldes de las ciudades de más de 2.000 habitantes y en las de menos, lo decide el gobernador provincial.
En 1840 hay una rebelión de los progresistas y se organizan numerosas juntas. El general Espartero se pone al frente de las fuerzas insurgentes y asume el gobierno. El país pasa a estar dirigido por un gobierno-regencia que convoca elecciones que son ganadas aplastantemente por los progresistas.
Los progresistas, una vez en el poder, aceleran las reformas. En 1841 se completa la desamortización con la venta de las propiedades eclesiásticas en las ciudades. Se reduce el presupuesto militar lo que crea un gran malestar en el ejército encabezado por Ramón María Narváez. Durante los tres años de regencia de Espartero (1840-1843) se producen numerosos pronunciamientos apoyados desde el exterior por la reina madre Mª Cristina de Borbón.
Espartero pone en marcha una política económica tachada de librecambista lo que se considera como un ataque a la industria nacional. El movimiento de protesta es brutalmente reprimido por Espartero con el bombardeo de Barcelona. En este clima de inestabilidad el regente convoca elecciones en 1843 de las que el partido progresista sale dividido en dos facciones: La militar y la civil encabezada por Olózaga que enseguida conspira contra el regente Espartero. Todo este descontento cristaliza en el pronunciamiento de Narváez que en 1843, viniendo desde el exilio, desembarca en Valencia y se dirige a Madrid con el apoyo de diversas unidades militares. Triunfa el pronunciamiento y Espartero abandona el poder. De esta forma acaba el período de regencias y comienza en 1843 la etapa de reinado de Isabel II.
El caciquismo de la época.
Las elecciones en España estuvieron marcadas por el fraude. Unos mecanismos fraudulentos que empezaban por la manipulación del censo electoral, y la duplicación de sufragios.
El proceso de preparación de las elecciones comenzaba con el «encasillado», operación mediante la cual el Ministerio de la Gobernación rellenaba las «casillas» correspondientes a los distritos con los nombres de los candidatos que el Gobierno estaba dispuesto a proteger. Estos candidatos podían ser del partido en el poder o de la oposición. Porque el encasillado no era simplemente una orden gubernamental, sino el resultado de arduas negociaciones entre las diferentes fuerzas políticas. De hecho, en el mismo partido que controlaba el Consejo de Ministros solían existir distintas tendencias, representadas por los jefes de filas de diversas clientelas, los cuales exigían un número u otro de escaños parlamentarios dependiendo de sus fuerzas.
Tras este tramo del encasillado, que se llevaba a cabo en Madrid, las negociaciones continuaban a nivel local, por medio del representante del poder central en cada provincia, el gobernador civil. El gobernador buscaba el acuerdo con los caciques de su marco de competencia, para conseguir ajustar los resultados de éste a los deseos del Ministerio. Los caciques, que controlaban los diferentes cargos importantes (en los ayuntamientos, juzgados, etcétera), actuaban de acuerdo a su influencia, y a menudo imponían su voluntad al representante gubernamental. Lo normal era que los consistorios municipales y los jueces de la oposición dimitieran en favor de los oficialistas, pero la autoridad podía verse obligada a suspender en sus puestos a quienes no lo hicieran voluntariamente.
El fenómeno caciquil se ilustra perfectamente con la anécdota del cacique de Motril, en la provincia de Granada. Cuando llegó el resultado de las elecciones, se lo llevaron al Casino del pueblo. Lo ojeó y, ante los expectantes correligionarios que lo rodeaban, pronunció las siguientes palabras:
“Nosotros, los liberales, estábamos convencidos de que ganaríamos las elecciones. Sin embargo, la voluntad de Dios ha sido otra. Al parecer, hemos sido nosotros, los conservadores, quienes hemos ganado las elecciones.” (Wikipedia)
El año 1843, se aprobó una ley electoral que estableció el voto censitario masculino. SOLO tenían derecho de voto los ricos, y los varones de determinado nivel intelectual: miembros de las Reales Academias, profesores de la enseñanza pública, doctores, licenciados, curas párrocos... aún así, el fraude electoral era la norma.
Elección de diputados a Cortes
Zaragoza 19 de noviembre de 1845.
La elección parcial de dos diputados a Córtes y un suplente por esta provincia se anuncio con anticipación por la actividad que desplegaba la autoridad pública, previniendo y sermoneando a los alcaldes de los pueblos para que dispusiesen el ánimo de los electores en favor de la candidatura del gobierno, que ya de antemano había remitido. El interés y animación en ellos creció con la llegada de D. Eusebio Calonge, oficial del ministerio de la guerra, uno de los candidatos, que revestido de las más amplias facultades para conseguir el triunfo, varió en seguida la candidatura excluyendo al señor Oribe, por ir en la de Logroño y le reemplazo el señor don Benito Fernandez.
Por el gobierno se remitieron a los alcaldes y personas influyentes de los pueblos, con recomendaciones y advertencias de toda especie.
Zaragoza 20 de noviembre.
Mientras don Isidoro Ramírez, juez de primera instancia de la ciudad de Zaragoza, se hallaba votando y esperando el resultado del escrutinio para la formación de la mesa, se olvidó de que había citado a juicio multitud de personas, y las tuvo esperando hasta las dos y media, quedando, por consiguiente, el administrar justicia para otro día.
El resultado de la votación en este distrito en el día de ayer, es el siguiente:
Candidatura del gobierno.
Don Eusebio Calonge,.......................40 votos
Don Bonito Ferrandez …..................34
Don Felipe Fernandez de Castro........37
Candidaturá progresista.
Don Juan Antonio Milagro ….............170 votos
Don Pió Laborda.................................172
Don Mariano Montañés......................166
El primer elector que se presento ayer en el distrito de esta capital fue D. Gerónimo Muro, comisario de policía y abogado de este colegio; tomo su papeleta, votó, y como elector permaneció hasta terminado el escrutinio, sentado en un banco junto a la mesa. Es mucho el celo de algunos electores.
Los progresistas han ganado las mesas en los distritos de Belchite y Azuara.
Al principiar la votación para la mesa en Belchite, cierto sujeto dijo, que si votaban a favor del gobierno se retiraría el comisionado de apremio que pesa sobre aquella población, y que desterraría al que no votase la susodicha candidatura; a lo que contestaron con entereza los electores, que podría hacer lo que gustase, pero que ellos, volarían por quien tuviesen por conveniente. La mesa resultó progresista.
Cuéntase que en Azuara, habiendo ganado la mesa los progresistas, fueron echados sus componentes del local a palos por los absolutistas, e hicieron que se votase otra vez, resultando también progresistas. Vaya un modo de insinuarse la influencia del gobierno, y qué tenacidad de los descamisados en componer la mesa.
El periódico finaliza la información burlándose de un candidato:
“El diputado en ciernes por algunos distritos de la provincia de Zaragoza, don Eusebio Calonge (candidato del gobierno), se presentó ayer de toda gala en un besamanos que tuvo lugar en casa del capitán general.”
Fuente: “El clamor público”. Periódico político progresista, literario e industrial. Domingo 23 de noviembre de 1845.
Jose Román Roche Nebra