jueves, 15 de marzo de 2012

Azuara Zagrí زوارة ثغري


EL ORIGEN



Azuara. Vista general desde el yacimiento celtíbero de Beligiom. En primer término la iglesia de La Piedad y más a la derecha el Ayuntamiento Viejo. Al fondo, entre los pinos, la ermita de San José.


La villa de Azuara (Campo de Belchite) se asienta en una plataforma poco elevada al norte del río Cámaras, afluente del Aguas Vivas.
Al sur del casco urbano y al otro lado del río, se encuentran las ruinas de la ciudad celtíbera de Beligio o Belikiom. Pertenecía al pueblo de los belos, cuyas principales ciudades eran, además de Belikio, Bilbilis, Kontebakom Bel, Nertóbriga, y su capital Sekaiza. Debió despoblarse hacia el año 70 AC tras las Guerras Sertorianas, trasladando su función urbana a Belia, a 8 km, la nueva ciudad fundada por Roma en el actual santuario del Pueyo, en Belchite.   A juzgar por el bronce de Contrebia, y la cercana presa de Almonacid, que fue construida por los romanos para suministrar agua a Belia, posiblemente conocían la agricultura de regadío. El poblamiento romano debió ser disperso con explotaciones agrícolas tan relevantes como reflejan las excavaciones de la villa romana de La Malena, muy próxima al casco urbano.
Azuara debió recuperar su función urbana durante el periodo andalusí. Alguna leyenda y varias evidencias así lo atestiguan. En la memoria colectiva de los azuarinos está quelos moros llamaban al pueblo la ciudad de Gualdrapa. Esto refleja que Azuara debía ser algo más que un pueblo antes de ser conquistada por Alfonso I, hecho que los nuevos pobladores cristianos mantuvieron en su ideario colectivo para remarcar su importancia frente a la cercana ciudad de Belchite, que durante siglos había “usurpado” a los azuarinos su relevancia de cabecera comarcal. Por eso, tras la conquista aragonesa de Saraqusta, Azuara no se adscribió, como hubiese sido lógico, a la cercana ciudad de Belchite, que contaba con su propio distrito, sino que junto a gran parte del distrito de Zaydun pasó a depender de la importante ciudad de Daroca, más tarde constituida en la Comunidad de aldeas de Daroca.
Las evidencias corroboran la leyenda. Un potente recinto amurallado oculto o camuflado por casas y corrales junto con edificios zagríes tuneados para usos cristianos: la ermita de San José, una de las torres laterales de la iglesia de la Piedad y posiblemente el antiguo ayuntamiento. Además, los árabes dieron nuevo nombre al pueblo, ya que Belchite se había apropiado del antiguo nombre celtíbero.

EL NOMBRE


Las fuentes árabes conservadas no mencionan nada relacionado con el actual topónimo por lo habrán de analizarse diferentes voces que pudieron dar lugar al topónimo Azuara.

GUALDRAPA
Como se ha dicho, se cree que los moros la llamaron Gualdrapa. Al ‘Udrí, historiador y geógrafo del s. XI, cita en su obra dos veces una ciudad, GARAD.S o GALWADA, que guarda cierto parecido con GUALDRAPA.  La primera la menciona en el camino de Córdoba a Zaragoza entre Tirwal (Teruel ) y Qalamusha (Calamocha). La segunda la incluye en el IQLIM o comarca agrícola de Zaydun, el mismo iqlim en donde estaba Azuara.  Además dice que muy próximo a ella nace el río Jiloca. Esta precisa descripción geográfica la sitúa en la actual Monreal del Campo y descarta que Gualdrapa pudiera ser una malformación de Galwada. (http://sites.google.com/site/zagralandalus/mapas-zagries).

SUXAYRAth
La primera mención de la villa es de 1192 con el nombre de Zoara.  El topónimo Azuara es muy similar al de Zuera, que es ya mencionada en 1148 como Zohera y también como Zofera, por lo que pudiera pensarse que Azuara y Zuera provienen de misma voz, con y sin artículo. Sabemos que Zuera era la AS-SUXAYRAth  árabe (“Peñica” diminutivo de SAXRAth, “peña”). El sonido x (la jota española suave) viene al aragonés como hache intercalada o mas corrientemente como efe; por eso los aragoneses la llamaron Zohera o Zofera. En cambio, Zoara, sin hache, no pudo provenir de Suxayra, por lo que también hay que descartar esta etimología.
Muralla (foto Rubén López)
ZUWARA
Lo propone  Juan F. Utrilla, al exponer la etimolgía arábiga de muchos de los pueblos de la comarca: ”…Almochuel (¿ibn Manchuel, ‘el descendiente del Mochuelo”, apodo romance), Azuara (Zuwara) y Letux (Yegg Lettoreg) son también indicativos de su ocupación andalusí. Cuatro de estos topónimos, Nepza, Letux, Lagata y Azuara nos mueven a formular la hipótesis de que en la región se produjeron asentamientos tribales beréberes –tribus de los Nafza, Letoregg, Luwata y Zuwara–, clientes de los Omeyas, e instalados en la segunda mitad del siglo VIII para controlar la propia madina de Zaragoza y su entorno. Se trataba, sin duda, de asentamientos estratégicos que dominarán además, y mediante la instalación de grupos clánicos afines –como los Banu Gazlun y Banu Amira, pertenecientes también al clan Nafza, e instalados en las cercanas tierras de Teruel y Villel, o los Banu Razin, asentados en la Sahlah–, el corredor que unía Zaragoza con Valencia, a través de la ruta secundaria Belchite- Montalbán-Teruel, y enlazaba con el eje Molina-Guadalajara-Toledo. “  (El Campo de Belchite en la Edad Media s.VIII-XV: del poblamiento musulmán al cristiano. Juan F. Utrilla Utrilla).
Desechadas las dos primeras acepciones, la tercera, el topónimo Zuwara, también presente en una ciudad de la Tripolitania libia, sería la palabra beréber arabizada que dio origen al nombre de la villa de Azuara.

LOS EDIFICIOS CONSERVADOS

LAUDA SEPULCRAL
El único resto que se creía conservado de la época andalusí es la lauda sepulcral musulmana hallada por mosén José Gorbea junto a la ermita de San Nicolás en 1912 y conservada en el museo de Zaragoza.


Está fechada en 402/1011, de piedra caliza tallada.  Dice:"Oh gentes! Las promesas de Dios son verdad: no os deslumbre la vida presente ni os ciegue en las cosas de Dios la ilusión; éste es el sepulcro de Nasar, hijo de Abd al-Rahman, Dios le haya perdonado: murió el día [...] del més de Muharram, año dos y cuatrocientos" (traducido al español por Francisco Cordera Zaidín).


LAS MURALLAS





Muralla (foto J. Román Roche).
Portales de S. Miguel, La Purísima y Barrio Bajo.


Ocultas por los edificios del pueblo, Azuara conserva gran parte de sus murallas medievales, especialmente al norte y este del casco antiguo. Las puertas de la ciudad, transformadas mas tarde en portales dedicados a santos, fueron derribadas, aunque se conservan imágenes de alguna de ellas. El arco de San Nicolás desaparece en el s. XVIII en extrañas circunstancias; el portal de San Miguel, situado junto a la cabecera de la iglesia y la antigua posada, se derriba durante la guerra civil para dar paso a lo camiones del bando sublevado. A mediados del s. XX , cuando los tractores empiezan a sustituir a los carros, se derriban el portal de la Purísima o de Fuendetodos,  y el de Nª Señora del Buen Suceso o del Barrio Bajo. El Ayuntamiento,  con el beneplácito de Antonio Beltrán enviado por la Diputación de Zaragoza, acordó la demolición por “comodidades de la villa”.

A pesar del inequívoco nombre árabe de la villa, y como es habitual en todo Aragón, los historiadores no contemplan, y menos admiten, que alguno de los edificios más importantes del pueblo sean anteriores a la conquista cristiana. Por esa razón siempre se ha pensado que, sin fundamento documental alguno, las murallas son del s. XIV, sin explicar cual era la necesidad de construir un recinto militar tan potente en una población situada en el interior de Aragón.
Son de tapial, con las juntas de las tapias del encofrado visibles, y muy similares a las murallas andalusíes de Daroca. Azuara pertenecía al IQLIM o comarca agrícola de Zaydun, en la parte meridional de Zagr-Alandalús fronteriza con el territorio de As-Sahla con capital en Albarracín. La creación del reino de Saraqusta en el s. XI, el más importante y dinámico de Alandalús, con un extraordinario crecimiento demográfico y económico, llevó a sus emires a fortificarlo en especial las comarcas fronterizas, no sólo con los cristianos sino también con los musulmanes. De esta época es el conjunto fortificado de Calatayud, uno de los más extensos conservados en España y también situado en la frontera con el reino de Toledo. Así pues, lo más probable es que las murallas de Azuara se levantasen en el s. XI, cuando Azuara estaba en los confines del reino de Saraqusta.


LA ERMITA DE SAN JOSÉ



Situada en un alto que domina la población en el lado opuesto del cabezo de La Atalaya, que guarda las ruinas de Belikiom, la ermita de San José es en su mayor parte una construcción de Zagr-Alandalús. Se trata de un edificio de una nave separada por arcos fajones ojivales y cubierta de rollizos de madera a dos aguas. A los pies y en su eje tiene una torre de ladrillo, desmochada, que forma parte del programa constructivo de la nave.
En la cabecera, el presbiterio, de una volumetría que nada tiene que ver con la nave, se construyó a finales del s. XV con la intención de proseguir en fases sucesivas a costa de ir derribando la nave de la vieja ermita, cosa que no llegó a suceder. Esta programación de sustitución por fases de un edificio musulmán antiguo por otro más moderno cristiano, se detecta en un gran número de edificios medievales, como lo hemos estudiado en los casos de San Pedro de Alagón y Santa María de Tauste, por no hablar de La Seo de Zaragoza.
El emplazamiento en una colina sobre el pueblo amurallado permite deducir el origen militar de esta construcción. Pudo ser un castillo, pero parece más probable que fuese  un ribat o una zawiya, o sea una fortaleza monástica. En Alandalús se desarrolló el monacato de forma parecida y paralela a la Europa cristiana, con instituciones religioso-militares semejantes. Se trataba de mezquitas monásticas, en donde se daba instrucción y alojamiento y se enseñaba disciplina. La nave y torre actuales formaban parte de un programa más complejo que no se ha conservado. La última y reciente demolición, la casa del santero,  ha impido conocer mejor su estructura original y su probable adscripción a este periodo.
Según  el historiador Lorenzo Padilla, hacia el año 800 los Aglabies de Kairuán son los que crean los primeros ribats. Sus antecedentes proceden de las fortalezas con que los príncipes bizantinos cubrían las fronteras del litoral en sus puntos más vulnerables: ciudades fortificadas, ciudadelas, reductos y puestos o torres de vigía. Según Ibn Jaldun pasaban de diez mil las fortalezas hechas de cal y canto y provistas de puertas de hierro. Esta cifra es evidente que es un tanto exagerada, debe de comprender los ribats, como cuerpos de guardia y torres de señales. Ya es a finales del s.XI cuando llaman la atención del geógrafo el-Ya´qubi en el trayecto entre Sfax a Bizerta estos “castillos muy próximos unos a otros donde residen gentes piadosas y morabitos”. El término zawiya, con un significado sinónimo al de “ermita de un santo”, tiene su aparición en el Magreb a partir del s.VIII y de aquí pasara a Andalús; zawiya es en Occidente lo mismo que en Oriente aparece designado como ribat y janaqa, siendo su función la de alojar a necesitados y viajeros. El surgimiento y desarrollo de estas comunidades religiosas tienen relación con una figura relevante: el santón, que son aquellos que han alcanzado la gracia de Dios y que son puente para trasmitirla al resto de los hombres. (http://www.arqueologiamedieval.com/articulos/75/el-ribat-institucion-espiritual-y-militar)

EL ALMINAR DE LA IGLESIA DE LA PIEDAD


Las murallas y la ermita de San José no son los únicos edificios que se conservan de Zagr-Alandalús. La iglesia mudéjar de Nuestra Señora de la Piedad conserva al menos una de sus torres del edificio que la precedió. Miguel Pinilla la ha estudiado:  “A pesar de estar aparentemente integrada en el conjunto del edificio hay un elemento en la fábrica mudéjar que llama la atención. Se trata de la torre-contrafuerte situada en el lado del evangelio, junto al crucero barroco. En planta tiene mayor dimensión que las otras tres, estando alineada interiormente con ellas y sobresaliendo hacia el exterior...Todas estas hipótesis se ven reforzadas si además se observa la orientación del eje de la iglesia en dirección S.O.-N.E., orientación que no viene impuesta por condicionantes topográficos o de falta de espacio, sino seguramente, de reutilización del solar (y del alminar) de la antigua mezquita orientada al S.E. (El alminar de Azuara)

* Agradezco a los azuarinos Rubén López y José Román Roche los datos facilitados para la elaboración de esta página.

Javier Peña Gonzalvo. Arquitecto

Artículo extraído del blog: https://sites.google.com/site/zagralandalus/ con autorización de su propietario.

sábado, 25 de febrero de 2012

Reflejos de Azuara 2012


El mudéjar puede que sea uno de los signos mas importantes de identidad de nuestra tierra aragonesa. En 2001 la UNESCO decide considerar el mudéjar de Teruel PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD y un año después, amplía esta categoría a todo el MUDEJAR ARAGONES.

En Azuara, también tenemos el mudéjar como uno de nuestros signos mas identificativos, el templo de “Nª Sra. de la Piedad y la torre de la ermita de San José dejan su impronta a los ojos del visitante como posiblemente los puntos mas bellos de la Azuara actual.

En asociación cultural Zauríl pensamos que debemos rendir homenaje al nombramiento del mudéjar aragonés como pieza tan importante y que tanto nos afecta a los azuarinos, por ello hemos considerado necesario que la temática del concurso sea esta: Mudéjar Aragonés.


Bases del concurso

1.El concurso está abierto a todas las personas, sin distinción de sexo, edad, ni ninguna otra condición personal, se podrá participar de manera individual o colectiva.
2.La temática del concurso es “Mudejar Aragonés” y la obra puede ser realizada en cualquier municipio de la COMUNIDAD AUTONOMA DE ARAGON. Pese a ello, se admitirán a exposición imágenes de temática libre realizadas en Azuara.
3.Cada autor o autora podrá presentar como máximo tres obras, que deberán ser originales, inéditas y recientes habiéndose realizado en 2011 o 2012.
4.Las fotografías deberán presentarse en formato de papel con un tamaño entre 15x20cm y 20x30cm antes del 31 de Marzo de 2012 en la dirección de Jose Angel Crespo Clemente c/ San José 4, 50140 Azuara (Zaragoza) y en formato digital, pudiéndolas enviar a la dirección zaurilazuara@hotmail.com o entregándola en CD junto a la fotografía.
5.La presentación se realizará en un sobre que contendrá las fotografías con el título de cada fotografía, lugar donde esta tomada y breve descripción de la misma. En el mismo, otro sobre en el que en su interior figurará el nombre, dirección, teléfono y correo electrónico.
6.La selección de los premiados correrá a cargo de un Jurado establecido por la organización del Concurso.
7.El Jurado seleccionará las imágenes ganadoras en atención a criterios
artísticos y técnicos de conformidad con las orientaciones establecidas en las
presentes bases, y su decisión será inapelable.
8.Se otorgarán tres premios, pudiéndose el jurado guardar la posibilidad de hacer una mención honorífica.
o1º Premio dotado con 200€
o2º Premio dotado con 100€
o3º Premio dotado con 60€
9.Las imágenes recibidas pasarán a formar parte del archivo de la Asociación Cultural Zauril quien tendrá la propiedad material de estas y plenos derechos de explotación por tiempo indefinido, tanto para uso en soportes y campañas propias como medios externos. En cualquier caso se hará constar el nombre del autor o autora.
10.La organización presupone que dicha persona posee los derechos sobre la
obra presentada, por lo que no asume ninguna responsabilidad derivada en
este extremo por parte de alguno de los concursantes.
11.Al finalizar el fallo del jurado y dependiendo del número de obras presentadas, este realizará una selección de las obras a montar en la exposición.
12.La exposición se inaugurara el día 5 de Abril a las 11:00 en la cámara Agraria.
13.La entrega de premios se realizará el 7 de Abril de 2012 a las 20:00 en la cámara Agraria.
14.La participación en este concurso implica la total aceptación de estas bases.

Info extraída de: http://reflejosdeazuara.blogspot.com

viernes, 17 de febrero de 2012

ESTADÍSTICAS AZUARA ORG

Como curiosidad, quiero compartir con todos vosotros unos datos sobre azuara org, blog y foro, seguro que a más de uno os sorprenderá saber que nuestro foro recibe más de 7000 visitas y más de 13000 accesos al mes, así como que este blog cada mes recibe más de 1000 visitas desde todo el mundo, especialmente desde España, como es lógico, pero también es muy leído en México y Estados Unidos. La web principal azuara.org, pese a estar prácticamente sin contenido actualmente, recibe unas 600 visitas cada mes, para acceder tanto al foro como al blog. Por último, comentar que la página de Facebook creada en octubre (www.facebook.com/azuaraorg) tiene 31 seguidores.

Gracias a todos por el seguimiento que hacéis de azuara.org.

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José A. Gimeno

RAFAEL AZUARA

Nació en España y hace 162 años dejó su tierra amada para aventurarse en un viaje a América, exactamente al noreste de México en una zona que se le conoce como La Huasteca por el Oceano Atlántico. Llegó aproximadamente de unos 17 años con su hermano, del
cual se supone formó su vida en otro lugar. RAFAEL AZUARA sentó sus reales y formó una familia con una Mexicana.
          Jamás regresó, pero hoy, por un medio virtual e ingrávido, llega su imagen de vuelta a su amada ESPAÑA, en una fotografía, para cumplir el ciclo que no había podido realizar: llegar donde tenía su ombligo y vió la primera Luz, para descanso de su Alma inquieta.
           El que escribe, su bisnieto Fernando Parra Azuara, la envía (la foto) a la hermosa población de AZUARA en ZARAGOZA, por pensar que existe una relación cercana entre la población que se llama como se apellidaba RAFAEL; AZUARA.

           Agradezco INFINITAMENTE al Señor José Roman Roche N, la serenidad y amistad brindada para que se consumara este hecho que estuvo esperando 162 años.
          Sr. Don José Román Roche, si algunos
aires alguna vez lo traen a MEXICO, como a mi bisabuelo, no lo dude y comuníquese conmigo para poder tenderle la mano y hacer más grata y armoniosa su estancia, en la medida de mis posibilidades.
                     Arq. Fernando Parra Azuara

domingo, 5 de febrero de 2012

Nicolás Lobato, nacido en Azuara. Mazonero. Parte IV y final

LA SILLERÍA DEL CORO DE LA BASILICA DEL PILAR


     Es a finales de 1542 o principios de 1543 cuando comienza este trabajo. A Nicolás Lobato le acompañan en esta empresa el francés Esteban de Obray y el florentino Juan de Moreto.
   Aunque no absorbe toda su actividad se trata de una de las más grandes obras acometidas por este mazonero. Sus ausencias contribuyeron a las disputas surgidas entre los tres maestros del coro sobre lo realizado por cada uno de ellos, ya que en principio se trataba de una colaboración a partes iguales. Tales diferencias les llevaron a firmar una concordia para que, concluida la obra, otros mazoneros juzgasen lo que realmente había tallado cada uno de ellos.
     El coro de la basílica del Pilar es uno de los mayores tesoros artísticos que guarda el templo, un bello testimonio del edificio mudéjar. La sillería del coro está tallada en roble de Flandes, con incrustaciones de boj amarillo. Normalmente no se puede acceder a su interior, por lo que numerosos visitantes atisban a través de las rejas para intentar descubrir toda su belleza. Pero es muy difícil apreciarla a distancia.  
   El coro no es el que vieron los zaragozanos del siglo XVI, ni está donde se ubicaba originalmente. Fue movido dos veces, en los siglos XVIII y XX. Se encuentra situado a los pies de la nave central, frente al Retablo Mayor. En 1718 se redujo el número de asientos, de los 138 originales a los 126 actuales. Se conservan los asientos de los que se prescindió entonces: tres de los sitiales que se quitaron, por ejemplo, todos con escenas 'zaragozanas', se reutilizaron y se ubicaron en el altar mayor, como sede presbiteral. Pese a las alteraciones sufridas en otros siglos, el coro sigue siendo una obra maestra. 

   En los respaldos de los asientos se desarrolla un programa iconográfico doble, ya que ilustra tanto la vida de la Virgen como la de Cristo. Y aún había una línea argumental más, que a casi todo el mundo pasa inadvertida. Generalmente, en las sillerías están representados apóstoles y profetas. Y en ésta, además de escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, se plasmaron episodios de la vida religiosa zaragozana, desde la Venida de la Virgen a escenas de la vida de San Lamberto. Aparte de su gran valor artístico, esto le confiere una trascendencia especial para los zaragozanos. Incluso en uno de los sitiales está representada la famosa Cruz del Coso.
Pero aparecen escenas de todo tipo, desde la Anunciación a la matanza de los Inocentes, y, en sitio preferencial, casi presidiéndolo todo, una fantástica representación de la Venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza. Además de los pasajes religiosos, los escultores plasmaron numerosas alusiones a la mitología clásica, junto a elementos decorativos de diversa inspiración. Incluso  los creadores llegaron a plasmarse a sí mismos trabajando en uno de los relieves.



EL RETABLO MAYOR DE FUENTES DE EBRO (Zaragoza)

   En octubre de 1541 se compromete con el pintor italiano Tomas Peliguet y el cuñado de este a realizar la mazonería del retablo mayor de Fuentes de Ebro. Se sabe de cuatro pagos efectuados a Lobato y luego a su viuda por un total de 2994 sueldos.


EL RETABLO MAYOR DE VALDERROBRES (Teruel)

 

     En 1545 recibe el encargo de realizar la mazonería del retablo de Valderrobres que había sido encargado por Hernando de Aragón a Jerónimo Vallejo “Cosida”. Este retablo fue elaborado en su taller de Zaragoza y después traslado y montado en la capital del Matarraña. Las dimensiones del retablo eran de unos 10 metros de alto por 6,5 de ancho. Se divide en cinco calles verticales, las tres centrales de la misma anchura y las extremas más pequeñas. La calle central además se prolongaba por medio de un ático  sobre todas las demás. En cuanto a las divisiones horizontales o pisos, había tres, además de un banco o predella. Toda la obra estaba hecha de madera labrada y en los encasillamientos  predominaba la pintura sobre la escultura, que sólo se da en la hornacina central y el ático. Gran parte de este retablo fue destruida en la Guerra Civil, pero aun se conservan restos de él que se encuentran en la iglesia de Santa María la Mayor de Valderrobres.


   Dejaría otra obra iniciada a su fallecimiento: el retablo mayor de Zuera del que ejecuto la parte del banco.

   Nicolás Lobato fallece a finales de 1547.

 Fuentes consultadas:
“La Escultura del Renacimiento en Aragón”. Museo e Instituto de Humanidades “Camón Aznar”. Zaragoza, 1993. Autores de los textos empleados: Federico B. Torralba Soriano, José Ignacio Gómez Zorraquino, María Luisa Miñana Rodrigo, Ángel Hernansanz Merlo.
Heraldo de Aragón.

Enrique Sancho Gutiérrez, enero de 2012.

lunes, 23 de enero de 2012

Nicolás Lobato, nacido en Azuara. Mazonero. Parte III

Ilustración del Monasterio de Veruela (Zaragoza). Año 1850.

   Como materiales,  las maderas más buscadas por los mazoneros, eran las más duras, de veta tupida, que por un lado permitieran tallar con minuciosidad y dar suaves contornos y por otro eran difíciles de atacar por la carcoma y no se deformaban con el tiempo. De estas destacaban las de los frutales, especialmente la de peral y la de cerezo, y de forma menos frecuente la de manzano. La madera de frutal era escasa por lo que en según qué regiones fue mucho más usado el nogal y el roble, madera que se endurece con el tiempo, por lo que fue muy útil en aquellas partes donde debían de soportar esfuerzos, como ocurre en los retablos de gran porte.
   Todas esas maderas eran escasas en Aragón, especialmente en el valle del Ebro, por lo que las más usadas fueron procedentes de las coníferas, fundamentalmente las variedades de pino con menos tendencia a rajarse y a producir resina. De forma menos habitual se empleo el ciprés y el enebro.
   A Zaragoza llegaban de dos maneras principalmente: mediante almadias las de mayor tamaño (hasta 10 metros) y en carretas el resto; clasificándose según las dimensiones en cuatro divisiones: fusta del Ebro la más grande, (procedente de Hecho y Ansó), fusta del Gállego, fusta de Biel y fusta de Cariñena la más pequeña (procedente de la sierra de Algairén). Antes de poner manos a la obra a la madera había que esperar que estuviera bien seca, hecho en el que insisten los contratos, para lo cual debía de seguirse un cuidadoso y lento proceso de secado y estar libres de savia y resina, para lo cual había que cortar la madera en invierno, en época de mínimo desarrollo y en fase de luna menguante.
   Las piezas grandes o con mucho perímetro, solían requerir de varios troncos, que eran escuadrados y pegados, escogiendo con todo cuidado el camino de las vetas, para evitar en lo posible la futura deformación.

EL RETABLO DE TIERRANTONA (Huesca)
     Nicolás Lobato, en 1538 se constituye junto al “baxador” Pablo de Arra y al imaginero Juan Pérez Vizcaíno, fianza del pintor Pierres Girart de Monteaquilino sobre la pintura y dorado de un retablo en Tierrantona (en la comarca del Sobrarbe, Huesca). Se trata, posiblemente, de uno de esos acuerdos que antes  mencionábamos, entre los artistas implicados para repartirse entre todos el dicho retablo. Para este retablo sirvió cómo modelo el creado en Roda de Isábena por el artesano francés Gabriel Yoli asentado en la ciudad de Zaragoza, en el que el autor también deja muestra de su influencia por Berruguete.

EL RETABLO MAYOR DEL MONASTERIO DE VERUELA
   Su primera obra conocida relevante es la mazonería del retablo mayor del Monasterio de Veruela (desaparecido), que Jerónimo Vallejo “Cosida”, le subcontrata. Este retablo fue sufragado por don Hernando de Aragón, lo más similar a un mecenas que podemos encontrar en Aragón en aquella época.  Las pocas piezas que se conservan se pueden ver en la sacristía nueva del propio monasterio.
   Mejor que hablar yo de él, os dejo algunos apéndices del contrato que se realizo en su día en los que se nombra a Nicolás Lobato:
   Zaragoza, 8 de enero de 1541.
   Pacto y concordia entre Jeronimo Vallejo, pintor, con maestre Nicolas de Lobato, entallador y maçonero, sobre un retablo que a de azer para Santa Maria de Beruela.
   Primeramente es pactado y concertado el dicho maestre Nicolas con el dicho Jeronimo Vallejo, de azer el dicho retablo de sesenta y dos palmos, poco mas ho menos, todo a su costa, salvo las ymajenes, se le an de fer fechas.
   Item es obligado de azer el dicho Nicolas, el retablo desde el suelo asta ariba, en la cantidat y palmos nombrados, ansi las bacias ho asas como entablamentos y pilares, redondos, quadrados y cornixas, frissos, alquitrabes, amortimientos, peanas, bassas, capiteles, redondos, veneras, pedestales, vestiones  y molduras. Todo lo necesario quanto en el dibuxo le fue mostrado de mano de dicho Jeronimo Vallejo.
   Item mas es obligado el dicho Nicolas de azer todos los fressos muy galantes, diferenciados en las labores, de manera que estén vien.
   Mas se obliga de azer las columnas diferenciadas, como en la muestra están, y si mejor puede.
   Mas las (tachado: amor) finiciones se an de azer bien acabadas.
   Mas las armas del señor arçobispo se an de azer de rellebe, con el capelo y flecos.
   Mas sia hobligado de azer membretos, y conjas, y cassas y artessones muy galantes.
   Mas las moduras y alquitriabes y cornixas se an de frissar como por el debuxo paresce.
   Item tiene el dicho retablo en el cuerpo nuebe cassas con la del medio. Y catorze entrecalles, con sus redondos. Y un frontaespicio.
   Mas abaxo tiene cinco cassas en el pie. Y seis entrecalles, con sus redondos. Y dos puertas, lo qual se a de conformar con la muestra dicha.
   Item mas se hobliga el dicho (tachado: se) Nicolas de azer dicho retablo a su costa, de pino blanco, bueno, de sesenta y dos palmos el alto y treinta y seis el ancho, poco mas ho menos, como dicho es, todo bien acabado (tachado: abaxo) (entre líneas: ariba) contiene, sin falta alguna. Y dicho Jeronimo Vallejo le a de dar carros y azemilas (tachado: y andamios) para llebar al monasterio.
   Y mas le a de dar el dicho Jeronimo fusta para andamio, y de comer mientra lo parara.
   Item se obliga el dicho Nicolas de Lobato de azer todo lo nombrado como ariba paresce. Y para esto da su fianca, para que cada y quando que no qumpliere se le aya de quitar lo que por dos personas será tassado.
   (Añadido hasta el final en otra caligrafía que coincide con la del escribano)
   Item se obligua el dicho Jeronimo Vallejo de dar y pagar al sobredicho mase Nicolas, maçonero, en paguo de dicha obra, estando acabada con todas las condiciones y pactos en la presente muestra pactados y concertados, (borrón) (entre líneas: ciento y ochenta libras) en tres pagas: la primera le a de dar (borrón) (entre líneas: sesenta libras), y en la segunda sesenta y en la postrera, otras sesenta. Esto sentiende en la primera paga luego, y la segunda a la metad de la obra, y la çagera asentado el retablo. Y todo esto a destar a conocimiento de Miguel Dalmao, a ver si compilara en todo de la obra.
   Item es concertado que aya de dar el dicho mase Nicolas la obra acabada dentro de tiempo de diez meses, contaderos del dia de oy delante, que es a ocho de janero 1541
   (Firmas autógrafas: Yo, Jeronimo Vallejo, pintor athorgo lo sobredicho.
   Yo, Garcia de Tiebas, souy fiançan por el dicho Nicolas de Lobato, y me firmo por mi y por el dicho Nicolas de Lobato, por el no saber escrybir.
   Yo, Miguel Dalmao, mercader vecino de Çaragoça, soy fiança por el dicho maestre Jeronimo Balexo)     
   Asientos relativos a la construcción del retablo mayor del Monasterio de Veruela (Zaragoza) consignados en el Libro de memorias de los abaciados de don Hernando de Argón y fr. Lope Marco
         Biblioteca Particular, Treslado de un Libro de memorias que el excelentísimo señor don Hernando de Aragon, nieto del rey chatholico, primero abbad de Beruela y después arçobispo de Çaragoça, por su propia mano escrivio de cosas que sucedieron a su tiempo.
         (IV) En este año (1544), por el mes de abril, se acvo de assentar, dorar y pintar el retablo. Pintolo Geronymo Vallego. Hizo la entalladura y vastimento de madera masse Nicolas. Y la metad de la himagineria masse Miguel Formente, y la otra metad masse Joan Vizcayno,. Pagose por todo esto 1000 ducados, sin traherlo y sin la costa. Dioseles de comer a todos los offiçiales que estuvieron al assentarlo, dorarlo y pintarlo. Assimesmo hizo masse Pedro Garçia las puertas del retablo. Entro tres quarentenes, y veinte y tres rovas de yerro y dosçientas varas de tela. Costo de hacerles de menos de 410 sueldos. Y a Geronymo Vallego por pintarlas 4700 sueldos.
         (V) En este año (1544) hizo las pulseras del retablo la entretalladura masse Nicolas con quatro offiçiales. Diole la cassa la madera y de comer, Estuvo seys meses en hazelas. Pagosele 1886 sueldos. Dorolas y pintolas Geronymo Vallego. Diosele 2000 sueldos y de comer a el y a dos criados.

   Visita virtual al Monasterio de Veruela: http://www.visitaveruela.com/visita.htm

Fuentes consultadas:
“La Escultura del Renacimiento en Aragón”. Museo e Instituto de Humanidades “Camón Aznar”. Zaragoza, 1993. Autores de los textos empleados: Federico B. Torralba Soriano, José Ignacio Gómez Zorraquino, María Luisa Miñana Rodrigo, Ángel Hernansanz Merlo.
Revista Turiaso. Centro de Estudios Turiasonenses. Apéndice documental de “El Retablo Mayor del Monasterio de Veruela. Noticias sobre su erección y desaparición.” Autor Jesús Criado Mainar.

 Enrique Sancho Gutiérrez, enero de 2012.

jueves, 12 de enero de 2012

Nicolás Lobato, nacido en Azuara. Mazonero. Parte II

Detalle del retablo de la Iglesia de Santa María la Mayor de Valderrobres (Teruel). Obra de Nicolás Lobato.

    La vida de los hombres en el siglo XVI, giraba en torno al campo y la sociedad se organizaba y estructuraba en  torno a la tierra. La élite de la sociedad estaba constituida por los terratenientes  -nobleza y alto clero-, que detentaban la propiedad de grandes extensiones territoriales y poseían gran parte del poder económico. A la vez,  a la nobleza y a la Iglesia se les reconocía un importante papel social, político y cultural. En la base de la pirámide social estaban los vasallos. Entre señores y vasallos se encontraban hombres libres (pequeños propietarios, miembros de profesiones liberales, burguesía mercantil, artesanos, etc.)
   La ciudad de Zaragoza era el principal centro artesano de Aragón. Punto de destino de muchos aprendices, tanto de los más diversos puntos peninsulares como de Francia y de otros países europeos. Los principales talleres se asentaban en Zaragoza, aunque sus miembros se tuvieran que desplazar a las poblaciones donde recibían los encargos.
   Los artesanos también aspiraban al ascenso dentro de la sociedad. Así  una gran parte de los aprendices eran hijos o familiares de los maestros. Cuando era posible, gracias a las relaciones endogámicas (como en el caso de las segundas nupcias de Nicolás Lobato, con Ana Peñaranda, que era hija del imaginero Miguel Peñaranda) trataban de reforzar su poder económico.
   La mayoría de obras las encargaban o adquirían individuos de reconocido prestigio social, pero en Aragón los mecenas eran escasos. Los artesanos se aprovechaban del afán de riqueza-apariencia de estos, ya que el disponer de muebles de maderas nobles, lienzos o incluso capillas dentro de las viviendas, con todos los útiles necesarios para las celebraciones litúrgicas, eran muestra de religiosidad y de poder económico de los propietarios. La coyuntura económica era favorable, pero la falta de mecenas limitaba la producción y obligaba a los talleres a estar muy pendientes del monopolio de la demanda interior y de extender su influencia por otras zonas.
   Los talleres eran empresas esencialmente familiares, a la que se adscriben aprendices y colaboradores. Muy excepcionalmente los talleres se instalaban fuera de la residencia familiar. En esta época no puede hablarse de una agrupación gremial de carácter medieval, pero si existe una cierta tendencia a avecindarse en un área comprendida entres las parroquias de San Pablo (como es el caso de Nicolás Lobato), San Felipe y San Gil. En el taller se lleva a cabo la totalidad de la obra que, una vez completada en sus diferentes fases, será asentada  en su lugar de destino, como si de un mecano, en el caso de los retablos, se tratara. Había ocasiones en las que el obrador debía desplazarse fuera por simples razones de operatividad y economía de medios. Ello solía suceder cuando se acometían grandes retablos. Poco frecuentes eran los talleres itinerantes que mudasen sucesivamente la domiciliación de su obrador a las distintas localidades donde les llevaba el trabajo.
   La herramienta, muestras y modelos constituían el capital básico del taller. Estas posesiones eran tan necesarias como el conocimiento del oficio para conseguir establecer un taller propio, lo que en absoluto quedaba al alcance de cualquiera. Estas posesiones incluso se dejaban en testamentos como herencia para que los hijos continuaran con la labor desempeñada por los padres. También el papel de las esposas era en ocasiones fundamental en el funcionamiento del taller. Intervenían en la administración económica de él e incluso, como en el caso de Nicolás Lobato y Ana Peñaranda, las esposas también aparecen frecuentemente relacionadas con la actividad artística de sus maridos.
   Entre las herramientas que debía poseer cualquier taller de un maestro mazonero podríamos citar:                                                                                                                                                               Útiles de medición: Escuadras, reglas, cartabones y compases. Niveles y plomadas.               Útiles para tallar la madera: Banco con gatos. Hachas, dextreles y azuelas. Garlopas, cuchillos de dos mangos y legañadores. Escoplos, formones, gubias de diversas bocas y formas. Limas, escofinas y colas de ratón. Sierras triscadas y al hilo, serruchos y seguetas. Mazos y mandarrias. Barrenas y berbiquíes.
   También los talleres precisaban de la mano de obra que representaban aprendices y obreros. El aprendiz ingresaba en el taller mediante un contrato de aprendizaje en el que no había un tiempo fijo de permanencia bajo la tutela del maestro, pudiéndose establecer unos limites genéricos de tres a siete años. Durante ellos el mozo vive en casa de su mentor, quien ha de proporcionarle además comida y vestido o, en su defecto, una cantidad suficiente para su provisión. Eran dos los equipos de ropa que el maestro tenía que suministrar al mozo: uno durante la duración del aprendizaje y otro nuevo al final del mismo. Esta ropa solía componerse de capa, saya, camisola, calzas, “paños menores” y calzado.
   Del taller de Nicolás Lobato también salieron nuevos artesanos como el zaragozano Pedro Villar, quien después se hizo cargo de las obras del trascoro de la Catedral de Barcelona.
   El mozo se encargaba de las tareas más sencillas, recibiendo a cambio instrucción en el oficio. En realidad este tiempo de iniciación en las técnicas especializadas se limitaba a una pequeña fracción. Era una enseñanza más bien práctica basada en el manejo de la herramienta, métodos de talla, aplicación de las muestras y algunas clases de dibujo. A principios del siglo XVI el renombre de los talleres zaragozanos hizo que se convirtieran en solicitados centros de formación. En épocas de sobrecarga de trabajo, los talleres se veían obligados a la contratación de obreros, pero también se recurría a un tipo de acuerdos de cooperación, de carácter eventual, inscritos bajo el título de “capitulación” o “concordia” que se referían a tareas muy específicas. A pesar de toda la reglamentación legal que parece regularla, la vida en el taller, las relaciones entre sus miembros y con los otros obradores estaba llena de transgresiones a la norma, engaños, deslealtades y enfrentamientos mutuos que a menudo terminaban muy mal, de forma casi pendenciera. Así debía de ser la vida de aquellos individuos, capaces, por contraste, de crear las más bellas imágenes religiosas que hoy contemplamos.

   En cuanto al aprendizaje de Nicolás Lobato, no existen datos de en donde se produjo. Lo que si podemos saber, según algunas fuentes, es que una vez asentado su taller en Zaragoza en 1525, como anteriormente mencionamos, se trasladó a Toledo entre los años 1530 a 1537 en donde podía haber perfeccionado su labor gracias a la cercanía con Alonso de Berruguete, dotando así a su obra de un aspecto mas miguelangelesco. Esta renovación ornamental en su estilo aplicado a las mazonerías, le acarrearon un indudable éxito, siendo el constructor de retablos preferido durante los años 40 por los más importantes pintores del momento en Aragón.
   Nicolás Lobato, que no sabía escribir, supo posiblemente aprovechar su relación con ellos para incorporar al entonces ya tradicional repertorio ornamental de los retablos aragoneses renacentistas, toda una serie de motivos nuevos, que enriquecen las formas y aporta temas de carácter naturalista con un fuerte sentimiento dramático. El repertorio decorativo de Nicolás Lobato constituyó en buena medida una “bisagra” entre las decoraciones desarrolladas durante el segundo tercio del siglo XVI y el nuevo estilo ornamental que surge desde mediados de siglo.

   Fuentes consultadas:
“La Escultura del Renacimiento en Aragón”. Museo e Instituto de Humanidades “Camón Aznar”. Zaragoza, 1993. Autores de los textos empleados: Federico B. Torralba Soriano, José Ignacio Gómez Zorraquino, María Luisa Miñana Rodrigo, Ángel Hernansanz Merlo.

                                                                                              
Enrique Sancho Gutiérrez, enero de 2012.

martes, 3 de enero de 2012

Nicolás Lobato, nacido en Azuara. Mazonero. Parte I



   La única pretensión de este articulo, es dar a conocer la figura de un hombre nacido en Azuara y que el paso de los muchos años que han transcurrido desde aquel día a finales del siglo XV en que nació, ha hecho que cayera en el olvido.
   Un hallazgo casual me hizo encontrarme con su nombre y su obra. Nicolás Lobato, nacido en Azuara. Mazonero.
   Continué buscando datos sobre él, y gracias a los ánimos de José Román, y al consejo dado por Carmen Morte, Catedrática de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, quien me guio en la búsqueda de más datos sobre Nicolás Lobato, y tras horas de dedicación, me atrevo a presentar esta primera parte, a la que acompañaran tres más, para que todos conozcamos un poco como pudo ser la vida de este artesano, como era la sociedad de aquella época y cuales fueron algunos de sus trabajos.

   Según el fogaje de Azuara de 1496, el nuestro era un pueblo de realengo que pertenecía a la Comunidad de Aldeas de Daroca, ocupando el cuarto lugar en razón de sus fuegos. Contaba con 131 fuegos.  Si aplicamos un coeficiente de conversión de 4 habitantes por fuego la población de Azuara ascendía a 524 habitantes.
   En este fogaje además de estar inscritos con su nombre y primer apellido, a algunos de ellos, los que no se dedicaban a tareas agrarias y ganaderas, que debía ser lo común en aquella comunidad, se les hace constar también sus profesiones que generalmente estaban asociadas a los servicios de la villa. Así podemos saber que en Azuara habitaba un vicario que era acompañado en sus labores por otros dos mosenes mas, un notario, un molinero, un castrador, un pellijero, un herrero, un barbero, un sastre y un cestero que debía de proveer de cestas a los vecinos, provisión harto importante en aquel entonces. Llama la atención, por ejemplo, la falta de profesionales de la medicina.
   Distintas noticias documentales nos permiten deducir que Azuara, en esta época, era un pueblo rico,  prioritariamente agrario y ganadero con una destacada producción hortícola, debida a su extensa y fructífera huerta, un pueblo que posiblemente era casi autosuficiente y que parece presentar una panorámica general bastante positiva y optimista dentro del contexto de los pueblos de la Comarca. Un pueblo al que en 1420 le fue otorgada la concesión de celebrar una feria de 15 días de duración que comenzaba todos los años el día de la Ascensión.
   En estas fechas podemos situar el nacimiento de Nicolás Lobato en Azuara. Mazonero. 
   Mazonero es el nombre que se da en Aragón al artesano que crea, esculpe y monta las distintas partes de lo que es la estructura de todo retablo. Se dedica a su parte arquitectónica. Es el artista o artesano que se dedica a la labor de talla en madera. De este modo, y dentro del proceso de construcción de un retablo, el mazonero sería el encargado de la parte ornamental de la arquitectura, (relieves del banco, tallas de las columnas y pilastras de las calles...), frente al escultor, autor de las figuras de gran tamaño.
   
    Los retablos en aquella época eran los escenarios en los que las gentes admiraban las representaciones sacras, como si de una gran obra de teatro religioso se tratara, la cual se colocaba,  siendo una fija representación, en el fondo de las pequeñas capillas y también en los gigantescos retablos mayores de iglesias y catedrales. De esta manera  ejercían de simbólica y didáctica presentación de aquellos misterios.                                                                                       
   De él, podemos aun a día de hoy, disfrutar de su obra, por más que hayan pasado casi 500 años de todas ellas. Seguro que él no lo imaginaria. Que aquello en lo que trabajaba pudiera perdurar durante siglos. Que en el siglo XXI sorprendiera de la misma manera o más que cuando sus piezas eran instaladas. Muchas de ellas han desaparecido, en gran parte debido a incendios, pero a día de hoy, de la misma manera que hace casi cinco siglos, podemos seguir asombrándonos con su trabajo, de lo que marcó en su época su arte y su nueva forma de trabajar en cuanto a las decoraciones que daba  a sus distintas obras. Y no hay que ir muy lejos para ver su obra. Lo podemos hacer, simplemente, con entrar a la Basílica del Pilar y ver la obra que realizo en la sillería del coro, que se encuentra enfrente del Altar Mayor.

   La primera documentación de la que disponemos de Nicolás Lobato data del año 1525. Zaragoza era una ciudad de nos mas de 25.000 habitantes, que vivió durante el siglo XVI en términos globales bajo una coyuntura económica favorable. La agricultura y ganadería eran las actividades fundamentales de la economía aragonesa, la cual se basaba en el autoabastecimiento, lo que imposibilitaba el desarrollo de una actividad mercantil destacada.
   En 1525 Nicolás Lobato ya mantenía actividad profesional en Zaragoza, y sabemos que en 1530 su taller se encuentra ubicado en unas casas de la parroquia de San Miguel, en el llamado “barrio nuevo”. Está casado con su primera mujer, Miguela de Barrionuevo. Traslado su taller tras contraer segundas nupcias con Ana de Peñaranda, quien aporto a la unión unas casas que habían sido propiedad de su padre, Miguel de Peñaranda que era imaginero, sitas en la calle Castellana, en la parroquia de San Pablo, asentando allí también su domicilio.


Fuentes consultadas:
“La Escultura del Renacimiento en Aragón”. Museo e Instituto de Humanidades “Camón Aznar”. Zaragoza, 1993. Autores de los textos empleados: Federico B. Torralba Soriano, José Ignacio Gómez Zorraquino, María Luisa Miñana Rodrigo, Ángel Hernansanz Merlo.
“Comarca Campo de Belchite” Territorio 35. Gobierno de Aragón. Zaragoza, 2010. Autora de “La población de Azuara según el fogaje de 1495-96 y su trayectoria de los siglos XVI al XVII” empleado en este texto María del Carmen Ansón Calvo.


Enrique Sancho Gutiérrez, enero de 2012.